
Darío Aranda entrevista al Movimiento Nacional Campesino Indígena. Y nos introduce en quiénes componen al MNCI:
"Crían animales para autoconsumo y cosechan algodón, son arrieros y trabajadores de la vid, hacheros y productores de carbón. Poseedores ancestrales de parcelas donde trabajan y viven desde hace generaciones.
"Crían animales para autoconsumo y cosechan algodón, son arrieros y trabajadores de la vid, hacheros y productores de carbón. Poseedores ancestrales de parcelas donde trabajan y viven desde hace generaciones.
El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) está integrado por quince mil familias de siete provincias, la base de la pirámide rural, hombres y mujeres que le ponen el cuerpo a los trabajos duros del campo, manos curtidas e ideas claras. “No sembramos soja, no entendemos la tierra como un negocio, no somos ricachones que explotan trabajadores rurales. Quizá por eso los medios de comunicación, y la clase política, no nos llaman ‘campo’”, disparan con precisión.
En la vereda de enfrente de la Mesa de Enlace, paradójicamente también son excluidos por el Gobierno, que desoye sus reclamos e ignora el modelo agrario que impulsan: “La soberanía alimentaria que practicamos es contraria al modelo de agronegocios actual”. Advierten que una baja en las retenciones de soja traerá aparejado un avance del monocultivo, consideran “cínico” que la Sociedad Rural se refiera a la pobreza y no entienden por qué el Gobierno cobija a Federación Agraria en la Subsecretaría de Agricultura Familiar (el espacio estatal que debiera ocuparse del sector campesino). Tres integrantes del Movimiento Campesino Indígena --Diego Montón, Ramiro Fresneda y Ariel Méndez-- apuntan al reclamo de fondo: un cambio de modelo agrario".
En la entrevista, entre otras preguntas, plantea:
-¿Cuál es el modelo agropecuario del MNCI?
-D.M.: Sólo es posible salir del hambre si el país apuesta por la soberanía alimentaria, que es la posibilidad de que el país tenga un propio proyecto alimentario, que produzca la variedad de alimentos que necesita y no que vengan las semilleras y químicas a imponer qué debemos producir.
-R.F.: También contamos con proyectos de ley concretos sobre problemáticas campesinas indígenas, redistribución de tierras basada en la reforma agraria integral, iniciativas productivas comunitarias, desarrollo local y economía social, educación y salud para el sector. Contamos con experiencias concretas de tecnologías renovables, escuelas de agroecología y producción de alimentos sanos. Pero son propuestas no escuchadas por medios de comunicación y clase política.
-A.M.: Uno de los puntos más claros que nos separa del actual modelo es la relación que las comunidades tenemos con el territorio. Para los campesinos e indígenas el territorio, el agua, la tierra, no son una mercancía. Los políticos, las empresas y la Justicia lo ven como mercancía y propiedad privada, pero para nosotros es una historia, una cultura, nuestros ancestros. De ahí la lucha tan fuerte por estos bienes no es algo discursivo, tiene que ver con defender una forma de vida que sentimos propia.
En la vereda de enfrente de la Mesa de Enlace, paradójicamente también son excluidos por el Gobierno, que desoye sus reclamos e ignora el modelo agrario que impulsan: “La soberanía alimentaria que practicamos es contraria al modelo de agronegocios actual”. Advierten que una baja en las retenciones de soja traerá aparejado un avance del monocultivo, consideran “cínico” que la Sociedad Rural se refiera a la pobreza y no entienden por qué el Gobierno cobija a Federación Agraria en la Subsecretaría de Agricultura Familiar (el espacio estatal que debiera ocuparse del sector campesino). Tres integrantes del Movimiento Campesino Indígena --Diego Montón, Ramiro Fresneda y Ariel Méndez-- apuntan al reclamo de fondo: un cambio de modelo agrario".
En la entrevista, entre otras preguntas, plantea:
-¿Cuál es el modelo agropecuario del MNCI?
-D.M.: Sólo es posible salir del hambre si el país apuesta por la soberanía alimentaria, que es la posibilidad de que el país tenga un propio proyecto alimentario, que produzca la variedad de alimentos que necesita y no que vengan las semilleras y químicas a imponer qué debemos producir.
-R.F.: También contamos con proyectos de ley concretos sobre problemáticas campesinas indígenas, redistribución de tierras basada en la reforma agraria integral, iniciativas productivas comunitarias, desarrollo local y economía social, educación y salud para el sector. Contamos con experiencias concretas de tecnologías renovables, escuelas de agroecología y producción de alimentos sanos. Pero son propuestas no escuchadas por medios de comunicación y clase política.
-A.M.: Uno de los puntos más claros que nos separa del actual modelo es la relación que las comunidades tenemos con el territorio. Para los campesinos e indígenas el territorio, el agua, la tierra, no son una mercancía. Los políticos, las empresas y la Justicia lo ven como mercancía y propiedad privada, pero para nosotros es una historia, una cultura, nuestros ancestros. De ahí la lucha tan fuerte por estos bienes no es algo discursivo, tiene que ver con defender una forma de vida que sentimos propia.
-Pero Federación Agraria, y hasta el Gobierno, habla de «soberanía alimentaria».
-D.M.: El término «soberanía alimentaria» lo desarrolló y difundió la Vía Campesina, y terminó de consolidarse en la Declaración de Nyeleni donde participaron muchos movimientos sociales y políticos de todo el mundo convocados por Vía Campesina, de la cual somos parte. Hoy es un honor que muchas organizaciones lo estén trabajando y difundiendo y colocando como un eje estratégico. Hay muchas organizaciones compañeras, como el Frente Darío Santillán, que lo han colocado entre sus reivindicaciones. Pero el caso de la FAA vuelve a ser hipócrita y traidor porque toman las palabras y le cambian el contenido.
-R.F.: «Soberanía alimentaria» es el derecho de los pueblos a producir sus alimentos, a ser soberano de su producción y consumo de alimentos, respetando su cultura y satisfaciendo plenamente las necesidades. ¿Cómo combinan eso con un modelo en el que más del 80 por ciento de la tierra es soja? ¿Cómo hablan de «soberanía alimentaria» si su problema es cómo exportar soja y obtener inmensas ganancias? En Argentina hemos perdido la «soberanía alimentaria», y en eso mucho tuvo que ver la Mesa de Enlace.
-A.M.: La «soberanía alimentaria» entiende que para que un pueblo sea soberano debe poder tomar las decisiones que lo afectan, decidir entre todos qué necesitamos comer y poner el territorio en función de eso. Esto es democracia pura, y es posible, lo estamos demostrando en los territorios. Pero desde hace tiempo pasa que el Estado toma esas decisiones a favor de la rentabilidad de las empresas. Y la rentabilidad sólo mide cuánto dinero puedo sacar de un lugar.
-Ustedes diferencian entre pequeños productores y campesinos.
-D.M.: Se le llama pequeño productor a cualquier pequeño empresario. En esa definición sólo se habla del tamaño de su emprendimiento y no de su filosofía, su lógica y su cultura. El término campesino tiene toda una memoria histórica, es una clase social antigua y que siempre ha tenido como función la de producir alimentos respetando a la naturaleza y proveyendo los mercados populares.
-R.F.: En la actualidad hay miles de campesinos que mantienen esos valores y cultura, no es lo mismo que el “pequeño productor” de Federación Agraria que produce y exporta soja, que gana 200 mil dólares al año y que no vive en la tierra ni convive con la naturaleza. A pesar de la represión que sufrimos, y la negación de una parte de la academia, el campesinado resiste firme en todo el mundo. Integramos Vía Campesina (organización internacional presente en 56 países, de campesinos, trabajadores rurales e indígenas) y allí se ve claramente el rol de lucha y resistencia de las familias campesinas.
-A.M.: A diferencia de gran parte de los medios de comunicación y los dirigentes políticos, para nosotros el campo es la tierra, la naturaleza, las familias campesinas indígenas, los trabajadores rurales, la solidaridad y el trabajo, la lucha que lleva ya mas de 500 años contra la cultura mercantilista de la tierra.
Para nosotros la tierra y el agua no son mercancías, son parte nuestra, son nuestra vida. La tierra es la madre que nos permite producir y vivir dignamente y una madre no puede venderse ni puede usarse para fines egoístas. Por eso, la tierra debe tener una función social, debe estar en función de la soberanía alimentaria.
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