Construcciones

11 de septiembre de 2017

IV. Recuperación del territorio para reconstruir el mundo mapuche sobre la base de la autonomía y la libertad.

Reportaje desde la cárcel al líder mapuche Facundo Jones Huala
“Mi detención es un montaje político y judicial”
24 de julio de 2017


Por Darío Aranda (Página/12)


Preso desde el 28 de junio, señala que justo ese día se reunieron Macri y Bachelet, y que su prisión es por cargos que ya estaban apelados. El futuro mapuche, las multinacionales y la lucha pacífica.
Es acusado por sectores del gobierno y mediáticos como el culpable de muy graves delitos: terrorismo, incendios, robos, amenazas e, incluso, haberle “declarado la guerra a Chile y Argentina”. Facundo Jones Huala, 31 años, autoridad mapuche del Lof Cushamen de Chubut, dialogó con PáginaI12 desde la cárcel de Esquel. Denunció la ilegalidad de su detención desde el 28 de junio, explicó la lucha del pueblo mapuche, la disputa por el territorio, el capitalismo, los estados coloniales y el rol de los gobiernos aliados a las empresas mineras y petroleras, y las grandes estancias. “La Conquista del Desierto no ha terminado”, afirmó Huala y alertó: “No dejaremos de luchar por la tierra. Y aumentará la represión”.
–¿Por qué está detenido?
–Estoy preso de forma ilegal. El año pasado hubo un juicio por un pedido de extradición a Chile, que fue declarado nulo por diversas irregularidades, entre ellas por la tortura a testigos. Fui liberado y esa causa está ahora en la Corte Suprema. Pero me volvieron a detener en junio por la misma causa. Por lo cual no se respeta el debido proceso, nadie puede ser juzgado dos veces por la misma causa. Los jueces están violando el estado de derecho, su propia legislación.
–¿Por qué le darían a usted este trato?
–Se trata de un hecho político. Mi detención se dio el mismo día de la reunión entre los presidentes Mauricio Macri y Michelle Bachelet. La misma prensa oficialista dio cuenta que hablaron de la situación mapuche y de mi extradición. Nuestra lectura es que se trata de un montaje político y judicial.
–¿A qué lo atribuye?
–Hay un clima de persecución política porque estamos afectando intereses de empresas, sobre todo en un gobierno tan neoliberal y derechista como el de Macri. Gobierno que no tiene reparos en vulnerar el propio estado de derecho con detenciones ilegales como la que me toca.
–¿Lo considera un caso testigo ante los reclamos indígenas?
–No solo para indígenas. Es un mensaje para todos los luchadores sociales. Se quiere reprimir a quiénes se levantan y exigen sus derechos. En particular sobre el pueblo mapuche, ellos saben que tienen un problema en términos geopolíticos con la expansión de conflictos referidos al territorio. Saben que los mapuches no dejaremos de luchar y ellos quieren avanzar con el extractivismo. De ahí que se valen de represión, tortura, judicialización, cárcel. Los gobiernos ven un peligro en la organización y levantamiento de los pueblos indígenas.
–El gobernador de Chubut y medios de comunicación, de la Patagonia y porteños, lo acusan de diversos atentados, robos, incendios.
–Hay muchas mentiras de los medios, sobre todo de los que defienden los intereses de los poderosos, son periodistas aliados a gobiernos y empresas. Muchas de esas acciones se dieron cuando estaba preso, pero igual me acusan con mentiras.
–Hubo incendios reivindicados por una supuesta organización llamada Resistencia Ancestral Mapuche (RAM).
–Mi gente (Lof Cushamen) no ha sido. Yo no he sido. Pasa cualquier cosa y nos quieren responsabilizar a nosotros. Hay un accidente de tránsito y nos culpan a nosotros. Luego nos reprimen de forma asesina como en enero.
–En 2015 recuperaron tierras en la estancia Benetton. ¿Por qué?
–Se trata de materializar un derecho. No podemos estar veinte años sólo con una propuesta teórica, tenemos que garantizar la vida de nuestros hijos, materializar la vida en territorio, el ser mapuche. Y Benetton es el terrateniente más grade de la Argentina. Es uno de los reyes de la Patagonia y siempre ha tenido a las oligarquías criollas a su servicio. Benetton, como Lewis, son los verdaderos dueños del Estado, tienen más poder real que Macri.

Colonial

–En varias oportunidades usted dijo que vivimos en un Estado colonial y racista. ¿Por qué?
–Porque sufrimos una invasión y colonización forzada. Fuimos obligados a nacionalidades ajenas, ser argentinos o chilenos, cristianizarnos, asumir formas culturales ajenas y luego ser mano de obra barata del colono rico, de los terratenientes, y ahora de las empresas extractivas. Y nos rebelamos ante eso porque es una situación colonial que tiene directa relación con el robo del territorio del pasado y que aún se mantiene.
–¿Cómo es en el presente?
–Nos colonizaron porque querían toda nuestra tierra e imponer un nuevo orden político, económico y social. Y una expresión más de eso es el Estado en manos de élites. Desde hace más de un siglo el poder político, económico y judicial se articuló para desaparecer al pueblo mapuche. No se nos permite ser lo que somos, mapuches, y que tiene directa relación con nuestras tierras. De ahí que impulsamos recuperaciones territoriales, algo básico como volver a la tierra donde nacimos, y luego avanzar en recuperaciones productivas, donde podamos ver crecer a nuestros hijos y nietos.
–¿Qué relación existe entre ese pasado y el actual avance de las empresas extractivas y gobiernos?
–Es evidente que la Conquista del Desierto no ha terminado. Se mantiene una lógica de dominación y opresión colonial y capitalista. Ahora es en una avanzada conjunta de mineras, petroleras, grandes estancieros, con el apoyo de gobernantes y jueces. Y no les tiembla el pulso al momento de reprimir, encarcelar, crear un clima de violencia político. Quieren crear fantasmas de terrorismo para justificar la escalada represiva y la militarización territorial en defensa de sus intereses

Ser Mapuche

–¿Cuál es la situación del Pueblo Mapuche?
–Debemos comprender que hay una lucha centenaria. Primero con la Corona Española y luego con los estados nacionales. Nosotros perdemos la independencia hace 130 años, mucho después de la Revolución de Mayo. Nuestro territorio fue ocupado. Las tierras se entregaron a terrateniente y nosotros fuimos reducidos a mínimas porciones de tierras. En la actualidad hay nulo reconocimiento de nuestro territorio ancestral. Sobrevivimos en las peores tierras, la mayoría improductivas. Ese podría ser un resumen de la historia del pueblo mapuche.
–¿Cómo se definen como parte de ese pueblo?
–El pueblo mapuche nunca dejó de estar organizado y exigir derechos. Nosotros pertenecemos a una generación que se ha nutrido de esa lucha, fortalecida en los últimos treinta años. Y hemos decidido dar un paso más a partir de conceptos como autonomía, autodeterminación, territorio, liberación. Y lo intentamos llevar a la práctica. Un ejemplo es la recuperación de territorios que están en manos de grandes terratenientes y multinacionales.
–Dentro del pueblo mapuche también hay diferencias marcadas...
–Claro que sí. Nosotros somos un sector más autonomista dentro de lo que es Puelmapu (territorio mapuche al Este de la Cordillera), lo que hoy se conoce como Movimiento Mapuche Autónomo, que plantea la reconstrucción de nuestro mundo mediante la recuperación de territorios. Sí hay una coincidencia general es que todo el Pueblo Mapuche impulsa la reconstrucción de nuestro mundo, y la expulsión de extractivas del territorio. Como mapuches no podemos ser en tierras devastadas, no podemos ser mapuche con pozos petroleros o con mineras. Necesitamos nuestra tierra sana, en equilibrio y armonía. Restablecer ese equilibrio es hoy revolucionario, es alterar el orden actual del capitalismo extractivo.
–No existen muchos referentes indígenas que se refieran en términos de “anticapitalista”, aunque la práctica vaya en ese sentido.
–Es que ser indígena, ser mapuche, es seguir un modo de vida de respeto y armonía con el territorio, no depredador, y al mismo tiempo comunitario. El capitalismo, donde una de sus caras es el extractivismo, es todo lo contrario. Destruye los territorios, arrasa comunidades, termina con la vida. Los propios poderosos, mediante los medios de comunicación y sus voceros, nos quieren hacer creer que no podemos rechazar el capitalismo ni cuestionarlo. Por nuestra cultura, por nuestra historia y por nuestro modo de vida no podemos no luchar contra el capitalismo. No es algo que inventamos ahora, viene de nuestros abuelos, pensamientos de nuestros antepasados, y tiene como objetivo la liberación, la felicidad y bienestar de las futuras generaciones.

Indígenas

–¿Cuál es la situación de los pueblos indígenas en Argentina?
–Hay distintos niveles de organización y movilización. Lamentablemente no todos los pueblos están rebeldes, por distintos motivos no están confrontando. Sí hay atropellos en todo el país, nos reprimen, nos matan. Nosotros invitamos a que se rebelen, peleen, exijan sus derechos.
–¿Por qué cree que sucede eso contra las comunidades?
–Los pueblos indígenas son uno de los últimos bastiones de resistencia de la humanidad. Lamentablemente esta sociedad capitalista es suicidad, antihumana, y los pueblos indígenas tienen formas de vida que se contraponen al sistema capitalista. Pueblos que han mantenido vidas comunitarias, sostenibles, sin intervención del Estado. Los pueblos indígenas son una alternativa para estos modelos de vida modernos e inhumanos. Por eso se ve a los indígenas como un peligro para el capitalismo.
–Algunos medios y funcionarios habla del “problema mapuche”.
–Quizá seamos un mal ejemplo porque nos organizamos, luchamos y planteamos la reconstrucción de nuestra forma de vida y cultura. Por eso nos reprimen, para acallarnos. Los mapuches somos un problema para el poder.
–Usted dijo que la represión a los mapuches es “apagar el fuego con nafta”.
–La judicialización, cárcel, desalojos y torturas que propone el Estado solo agrava el problema. La violencia siempre la proponen ellos, durante siglos. Nosotros sólo nos defendemos.
–¿Por dónde debe pasar la solución?
–La respuesta debe ser política, pero el Estado argentino no lo entiende o no lo quiere hacer. Una forma de descomprimir es la entrega de tierras, como establece la Constitución y las leyes que el mismo estado ha legislado. Tienen que frenar los desalojos y devolver las tierras que está probado fueron robadas por grandes terratenientes y empresas.
–¿Cómo debe ser esa entrega de tierras?
–Cómo dice la ley. Tanto el artículo 75 de la Constitución, que habla de tierras aptas y suficientes, como el Convenio 169 de la OIT, no se cumplen. Incluso la Ley 26160, que debe frenar los desalojos, no se aplica. Si no nos han desalojado no ha sido gracias a jueces, sino que las comunidades hemos resistido en los territorios. Está claro que solo se aplican los derechos que benefician a los poderosos.
–¿Qué debería hacer el Estado a través de sus tres poderes?
–Dejar de regalarle tierras a las mineras y petroleras y cumplan la deuda con los pueblos preexistentes, como dice la Constitución Nacional, que estamos acá desde antes que esto se llame Argentina. Solo queremos la tierra para seguir vivos. Entre todos debemos construir un mundo más habitable, con el derecho a ser diferentes.
–¿Cómo imagina el futuro mapuche?
–Los poderosos, políticos y multinacionales, no van a ceder sus privilegios ante ciudadanos de segunda o de última categoría, como nos consideran a los pueblos indígenas. Y nosotros no dejaremos de luchar, donde la tierra es central. Por lo cual aumentará la represión, pero también la resistencia.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229487
black"> http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229704

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III. Recuperación del territorio para reconstruir el mundo mapuche sobre la base de la autonomía y la libertad.

Chile: Declaración pública de 

la Coordinadora de 
Comunidades Mapuche Williche

por la defensa del 
territorio “Willi Lafken Weychan”
5 de septiembre de 2017
 
En Yaldad, a 14 de agosto de 2017, la Coordinadora de Comunidades por la Defensa del Territorio “Willi Lafken Weychan”, que agrupa a más de 40 comunidades williche de las regiones de Los Lagos y Aysén, reunidas en el 2º encuentro autogestionado de Conservación Marina Comunitaria, declara a la opinión pública lo siguiente:
 
La mar (ñuke lafken/mapu lafken) es y ha sido por siglos el sustento espiritual y material de nuestro pueblo; toda nuestra cultura e historia se articula en torno a este territorio de mar y tierra, habitado ancestralmente por nuestro pueblo.
Durante décadas hemos compartido la riqueza de nuestro mar con pescadores artesanales, los que son nuestros vecinos y otros que vienen de lejos, lo que en algunos momentos se tradujo en la sobreexplotación de algunas especies.
Más tarde se instaló la salmonicultura en nuestro territorio, provocando un verdadero desastre ecológico, cultural y social que hasta hoy los distintos gobiernos se han negado a reconocer.
Es por ello que como comunidades Mapuche Williche hemos tomado la determinación de retomar la responsabilidad en el cuidado y protección de nuestra riqueza natural y cultural. Con este fin, nuestras comunidades están solicitando Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) basados en la ley lafkenche, una ley conquistada por la lucha de nuestro pueblo mapuche, que reconoce nuestros derechos ancestrales sobre la ñuke lafken.
Las comunidades mapuche williche reconocemos el derecho igualitario de uso de estos espacios costeros y marinos, para los pescadores artesanales y recolectores de orilla, y todos aquellos que han hecho y hacen un uso sustentable del mar, sin depredarlo ni dañarlo. Por eso les estamos invitando a ser socios estratégicos para administrar de manera compartida y responsable estos espacios, sabiendo que esta ley es una herramienta que nos sirve tanto a las comunidades indígenas como a los pescadores artesanales, los que hoy ven igualmente amenazada su fuente de trabajo y sustento.
Rechazamos categóricamente la expansión de la salmonicultura y exigimos una fiscalización firme de las prácticas productivas de los centros de cultivo. Las comunidades estamos atentas al desempeño de SERNAPESCA en este sentido. Rechazamos también las relocalizaciones de centros de cultivos en la región de Aysén y en Chiloé, realizada sin consulta a los pueblos originarios, ya que constituyen una ampliación de las Áreas Aptas para la Acuicultura, hacia las pocas zonas que aún se mantienen libres de contaminación, y donde se encuentran nuestros caladeros de pesca más importantes. De igual forma, exigimos que no se permitan cambios de uso en las concesiones de acuicultura, sin consulta previa, libre e informada a las comunidades afectadas.
 
Exigimos también una adecuada fiscalización de las prácticas de la pesca industrial y la mitilicultura, que hoy tiene nuestras playas plagadas de basura y han sido un actor relevante, junto a la salmonicultura, en la contaminación de nuestro mar.
En otro ámbito, rechazamos la propuesta de reconocimiento de un nuevo pueblo indígena de Chiloé distinto al mapuche, impulsada por algunos dirigentes no representativos de la opinión mayoritaria de nuestro pueblo, y patrocinada por sectores políticos del gobierno actual. Reafirmamos nuestra identidad como parte del pueblo mapuche, de hecho nos reconocemos como mapuche williche.
Instamos al Estado, en particular a CONADI y al Ministerio de Educación, a reconocer la región de Aysén como territorio ancestral mapuche williche, para que así nuestros hijos puedan acceder a la asignatura de lengua Indígena, que hoy se niega en esta región a pesar del alto porcentaje de niños mapuche williche en las escuelas.

Rechazamos el intento del gobierno en declarar a toda la Isla de Chiloé como zona FAN (florecimiento de algas nocivas), dado que busca eliminar la barrera sanitaria que existe hasta ahora al sur de isla San Pedro donde los barcos de la industria salmonera deben realizar el intercambio de agua antes de entrar a la décima región; esto facilitaría el libre tránsito de los well boats que transportan los salmones a las plantas de procesos en esta región, lo que a sus vez les permitiría verter sus aguas contaminadas que traen como lastre, en cualquier parte donde existen los acopios de las salmoneras, esparciendo por todos lados las células de marea roja, donde los grandes afectados de forma directa serían los recolectores de orilla, los pescadores artesanales y los mitilicultores. La declaratoria de zona FAN sería un grave perjuicio para toda la isla de Chiloé, ya que nadie podría vender sus recursos, por lo que es una real amenaza de muerte para este territorio, un traje a la medida de los salmoneros donde el sastre es el propio Estado.
Exigimos procesos de consulta previa, libre e informada ante cualquier medida legislativa o administrativa que afecten los derechos de nuestras comunidades, en particular cualquier cambio en la ley de pesca y acuicultura o en sus normativas asociadas, entre ellos el Reglamento de Caladeros de Pesca, el que no ha sido adecuadamente consultado ni a las comunidades indígenas ni a los propios pescadores artesanales, ya que la consulta se está haciendo por internet, al que no todos tienen acceso expedito, y sin la difusión adecuada.
Exigimos la restitución de las tierras ancestrales del pueblo mapuche williche en Chiloé y en los archipiélagos de Las Guaitecas y Los Chonos.
Las comunidades mapuche williche exigimos el respeto a los derechos de los pueblos indígenas por parte del Estado de Chile, consagrados particularmente en el convenio 169 y en la ley lafkenche, conocemos nuestros derechos y los seguiremos defendiendo para asegurar el sustento y la subsistencia de nuestro pueblo, nuestra cultura y espiritualidad en esta tierra y en este mar, que constituyen un patrimonio espiritual, ecológico y cultural, no sólo para quienes vivimos y hemos vivido toda la vida aquí, sino que para toda la humanidad.

MARICHIWEW!!! MARICHIWEW!!! MARICHIWEW!!! MARICHIWEW!!!

COORDINADORA DE COMUNIDADES WILLI LAFKEN WEYCHAN:
Comunidad Nahuelquin Delgado, Isla Traiguen – Aysén
Comunidad Pewmayen, Puerto Aguirre – Aysén
Comunidad Antunen Raín, Puerto Aguirre – Aysén
Comunidad Foten Mapu, Caleta Andrade – Aysén
Comunidad Pu Wapi, Melinka
Comunidad Cheuqueman, Isla Marimeli, Cochamó
Comunidad Lafken Mapuche, Hualaihué
Comunidad Amutuy Ruka, Hualaihué
Comunidad Tremo Wapi, Isla Llancahue
Comunidad Rupu Lafken, Hualaihué
Comunidad Ayulen Mapu, Hualaihué
Comunidad Río La Arena, Hualaihué
Comunidad Mañihueico, Hualaihué
Comunidad Fotum Lafken Mapu, Hualaihué
Comunidad Isla Llanchid, Hualaihué
Comunidad Pepiukelen, Pargua
Comunidad Piedra Funda, Isla Caguach
Comunidad Isla Cailín
Comunidad Mon Fen, Yaldad
Comunidad Inkopulli, Yaldad
Comunidad Kokawke, Yaldad
Comunidad Piedra Blanca de Quellón
Comunidad Pu Wapi, de Quenac
Comunidad Choiguo, de Llingua
Comunidad Pilpilehue
Comunidad Lago Pio Pio, de Queilen
Comunidad Tahue
Comunidad de Apeche, de Queilen
Comunidad Cruce Los Canelos de Contuy
Comunidad El Cacike de Apeche
Comunidad Piedra Blanca de Aulen
Comunidad los Avellanos de Apeche
Comunidad de Lelbun – Queilen
Comunidad Kechalen de Queilen
Comunidad El Eden de Paildad
Comunidad Cavi Williche de Lelbun
Comunidad de Detico
Comunidad indígena Lafkenche de Linao – Ancud
Comunidad Lafken Mapu de Barra Chaiguao – Quellón
Comunidad Lafken Mapu de San Juan de Chadmo – Quellón
Comunidad Barrio costero de Huildad – Quellón
Movimiento defendamos Chiloé
Consorcio TICCA
Colectivo Chonke Mapu
Centro de Estudios Sociales de Chiloe [CESCH]
*Esta declaración aún continúa abierta para que otras comunidades la suscriban.
** Foto: David Nuñez
Fuente: radiodelmar.cl
Publicado por 
MapuExpress
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II. Recuperación del territorio para reconstruir el mundo mapuche sobre la base de la autonomía y la libertad.

"República Autónoma Mapuche" o Estado Plurinacional

8 de agosto de 2017
Por Confederación Mapuche de Neuquén 
La funcionaria Patricia Bullrich en sus declaraciones cargadas de desprecio racial e ignorancia, construye una verdadera ensalada de conceptos errados. Desconoce conceptos básicos de estados modernos y evolucionados que se asumen como Estados Plurinacionales.
Nuestra condición de Nación Mapuche está basada en la preexistencia milenaria que reconoce la propia Constitución Argentina. 
Negar esta realidad es propia de los estados autoritarios y colonialistas que desconocen la diversidad. Canadá es un estado plurinacional, España es un Estado Plurinacional, Suiza es un estado plurinacional, Bolivia lo es y también la Argentina. 
No depende del permiso de una funcionaria, está relacionado a una existencia de miles de años, ante un estado moderno de sólo dos siglos de existencia. 

La Plurinacionalidad no es una propuesta separatista ni excluyente. Por el contrario, es una herramienta para la unidad en la diversidad 
Si los mapuche no asumiéramos nuestra nacionalidad, seríamos un pueblo sin historia y peor aún, seríamos un pueblo sin futuro. Nos paramos desde nuestras raíces y aportamos cultura, conocimientos y cosmovision a la construccion de este estado plurinacional.

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I. Recuperación del territorio para reconstruir el mundo mapuche sobre la base de la autonomía y la libertad.

Habla vocero de la Coordinadora Arauco Malleco, Héctor Llaitul
Territorio y autonomía: 
demandas del pueblo mapuche
1 de agosto de 2017
 
Por Punto Final (Rebelión)

 

El trabajador social Héctor Llaitul Carrillanca (50 años, cinco hijos), vocero de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), habla para Punto Final sobre los objetivos autonomistas y anticapitalistas de su organización. Reivindica las acciones directas contra las forestales que desde hace veinte años se llevan a cabo en La Araucanía (Wallmapu   para el pueblo mapuche) y critica en duros términos el plan de desarrollo para la Región anunciado por la presidenta de la República y que el ministro de Desarrollo Social, Marcos Barraza Gómez, comunista, calificó en una columna de opinión en El Mercurio (5 de julio) como “una de las propuestas más sólidas e integrales presentadas en esta materia durante nuestra historia republicana”.
Pedimos a Héctor Llaitul que hiciera un diagnóstico de la situación en el Wallmapu y ésta fue su respuesta:

“Efectivamente hay una agudización del conflicto. Esto lo producen las medidas que implementa el Estado chileno para enfrentar las demandas -sobre todo las demandas políticas y territoriales- de nuestro pueblo. Eso ha creado una situación en que el conflicto no tiene solución en el corto o mediano plazo. El Estado chileno ha puesto en práctica una suerte de ‘guerra de baja intensidad’ contra los movimientos de resistencia mapuche para salvaguardar los intereses del gran empresariado de la región. Esto se grafica en la militarización de la zona de conflicto entre las comunidades mapuches y los procesos de inversión capitalista que arremeten contra nuestro pueblo. La reivindicación territorial y autonómica choca directamente con los intereses de los grupos económicos de la industria forestal y energética, lo que ha producido una mayor radicalidad en la confrontación.

La creciente militarización del Wallmapu se observa sobre todo en los patrullajes de carros blindados de las Fuerzas Especiales de Carabineros, en la cantidad de personal destinado a la Región que cumple diversas tareas. Son unos tres mil efectivos apostados en el Wallmapu histórico. Están allí para custodiar los intereses de las forestales y de los proyectos energéticos. Otros carabineros cumplen misiones de protección en puntos de riesgo. En resumen, numeroso personal equipado para un combate, batallones de policía militarizada con campamentos, vehículos de transporte mayor como helicópteros y avionetas, equipos de vigilancia sofisticados que incluyen drones, globos aerostáticos, sistemas de alta tecnología mediante cámaras de vigilancia en la ruta 5, principal arteria que cruza el Wallmapu. Algunas con capacidad geotérmica de visibilidad nocturna. Todo esto ha significado un gasto muy cuantioso. Sólo las cámaras de vigilancia con infrarrojo significaron una inversión de más de cinco mil millones de pesos.
A eso hay que sumar la permanente criminalización del pueblo mapuche. Detenciones arbitrarias, allanamientos, prisión política -hay más de cuarenta presos o procesados políticos-, etc.
También está la aplicación de la Ley Antiterrorista y de la Ley de Seguridad Interior del Estado en procesos viciados por la utilización de mecanismos de esas leyes, como los ‘testigos protegidos’. Hay que agregar las operaciones de inteligencia policial y política con montajes que pretenden sacar de circulación a dirigentes y militantes. Todo esto no es nuevo para nosotros, también se hacía en dictadura.

Existe una potente campaña mediática que tiene dos objetivos principales: reproducir en el imaginario colectivo la imagen del mapuche ‘terrorista’. Cada vez que los mapuches defendemos nuestros derechos, la prensa nos cataloga de delincuentes o terroristas. Aquello establece una condena previa contra los militantes de la causa mapuche. Esa campaña tiene un alto componente de racismo y no solo proviene de la derecha sino también de los gobiernos de turno. Un racismo que ha existido históricamente y que ha permitido construir un discurso que es parte de la ideología del poder. Los mapuches éramos considerados -en el pasado- sanguinarios, primitivos y salvajes; después nos caracterizaron como flojos, borrachos, etc. Son prejuicios que reproducen los medios de comunicación a la hora de situar al pueblo mapuche como actor en este conflicto.

La derecha económica y política ha ganado posiciones para crear la imagen de que las víctimas de la violencia son ellos y no los mapuches. A tal punto que una de las medidas anunciadas por la presidenta Bachelet apunta en la dirección de reparar a las víctimas de la violencia rural que serían los agricultores, colonos y empresas que han sentido los efectos de la resistencia mapuche. Se les presenta como las únicas víctimas, no a los mapuches que hemos sido las víctimas históricas del conflicto desde que el Estado y el sistema capitalista se impusieron a sangre y fuego en nuestros territorios. Este es, en síntesis, el escenario actual de la confrontación”.

 ATAQUES INCENDIARIOS A EMPRESAS FORESTALES
¿Qué actitud tiene la CAM sobre los ataques incendiarios a camiones y maquinaria de las forestales?
Para analizar esos hechos hay que referirse a la violencia en la agudización del conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado chileno. No es resultado sólo de los grados alcanzados por la resistencia mapuche. Desde luego, se trata de una confrontación en que ambas partes tienen responsabilidades. De parte del Estado ha habido una violencia permanente, estructural, económica y cultural mediante la usurpación de los territorios mapuches. Asimismo se ha negado a solucionar las demandas políticas y territoriales de nuestro pueblo. El desarrollo del proceso de resistencia ha llevado a realizar acciones que enfrentan sobre todo las relaciones opresivas de mercado que afectan al mapuche. Son acciones de sabotaje y dirigidas contra los intereses de los usurpadores de la tierra. Sus procesos de inversión capitalista destruyen el hábitat y la concepción cosmovisionaria de nuestro pueblo. Esta es la lógica de esas acciones directas. Tienen el carácter de sabotaje a la economía capitalista y no buscan poner en riesgo la integridad de la población, como intentan demostrar los medios de la derecha. Eso es algo que negamos rotundamente. Estas acciones de resistencia son un componente importante en nuestra acumulación de fuerzas. Permiten avanzar en el control territorial, que es el objetivo estratégico de estas acciones. Buscan una solución al conflicto por las tierras y se dirigen contra el sistema implantado por las empresas forestales, responsables de la usurpación y devastación del territorio ancestral mapuche.
Estas acciones han generado un punto de inflexión en el conflicto. A tal punto que la derecha y otros sectores conservadores las estigmatizan como terroristas para perseguir y aniquilar a quienes están detrás de ellas y así tratar de frenar la resistencia de nuestro pueblo. Las reivindicamos como parte de la lucha estratégica y de la protesta social mapuche en general, porque se han agotado las vías de solución a nuestras demandas políticas. Se intenta desvincularlas y aislarlas de las otras acciones políticas que desarrollan las comunidades. Sin embargo, todas forman parte del proceso de reconstrucción nacional que está desarrollando nuestro pueblo. Forman parte de la lucha por la recuperación territorial y por la recuperación de un modo de vida y de un tipo de sociedad mucho más justa que la existente”.

PLAN DE DESARROLLO DE LA ARAUCANIA
¿Qué opina la CAM del Plan de Desarrollo Integral de La Araucanía anunciado por la presidenta Bachelet?
“El conflicto se ha vuelto un tema en la agenda del gobierno. Estamos a veinte años de los sucesos de Lumaco, cubiertos en la portada de Punto Final (N° 409 del 19 de diciembre de 1997) con el título: Lumako. La dignidad mapuche . Rememoramos aquel hito porque allí se inició esta etapa del conflicto con la quema de tres camiones de la Forestal Bosques Arauco. Frente a las acciones directas y la resistencia han surgido voces, no solo del empresariado sino también de la clase política, en especial de la derecha. Pero también de la gobernanza neoliberal representada en un amplio espectro de la Nueva Mayoría. Esas voces emplazan a buscar alguna solución a los grados de confrontación adquiridos por el conflicto. Desde la Presidencia surgió la idea de una comisión asesora que respaldara ciertos anuncios. En su momento dijimos que no era una instancia legítima, sino un intento más -como muchos anteriores- de crear un mecanismo que actuara como dispositivo para atenuar la confrontación. La comisión entregó su informe a la presidenta que, finalmente, anunció medidas que no fueron de extrañar. Más de lo mismo, o nada nuevo bajo el sol. Lo único concreto es la declaración de un Día de los Pueblos Originarios, un día feriado. Los otros anuncios son solo anuncios y promesas. Por ejemplo el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios requiere una reforma de la Constitución. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que esto se produzca? Se trata de una demanda mapuche que tiene casi treinta años.
Chile es uno de los países más atrasados en el reconocimiento de sus pueblos originarios. Este anuncio no se va a materializar durante este gobierno. Si viene un gobierno de derecha menos se va a concretar. La creación de un Ministerio de Pueblos Indígenas y de un Consejo de Pueblos Originarios son proyectos que están en el Congreso y que van en la misma dirección, considerando que los parlamentarios representan en su mayoría posiciones empresariales. Al respecto, debemos aclarar que la CAM no demanda la creación de esas instancias que tienen que ver con el modelo colonial de dominación que sufre nuestro pueblo. Serían algo así como la Conadi con mayor presencia indígena y recursos para seguir administrando el estado actual de cosas. Son instancias que demandan otros sectores del pueblo mapuche interesados en avanzar por la vía institucional. Pero nosotros estamos por otra vía: acumular fuerzas para la recuperación del territorio y la autonomía. Nuestra lucha no va por la institucionalidad opresora.

Impresiona la desfachatez de los anuncios del gobierno. No variará las condiciones de opresión y no otorga medidas que restablezcan los derechos fundamentales de nuestro pueblo, que son derechos políticos. Un aspecto positivo podría ser el reconocimiento constitucional -aunque no nos casamos con esto- porque abriría la posibilidad de la lucha política por la autodeterminación. Por ahí podrían lograrse avances sustantivos. Pero el reconocimiento constitucional es hasta ahora una promesa incumplida. En los anuncios presidenciales se nota la influencia que ganaron los sectores conservadores, no solo en la comisión asesora sino en los cercanos a la Presidencia. Por ejemplo, se determinó un fondo de reparación para víctimas de la violencia rural, pero no para los mapuches que han sufrido violencia en el actual periodo. Entonces, ¿no hay justicia para los mapuches? ¿Cuántas casas mapuches han sido quemadas o destruidas? Cercos y sembrados arrasados. Vidas arrebatadas, torturas, allanamientos, prisión política, etc. ¿No hay reparación por estos crímenes? ¿El Estado no se hará cargo tampoco de las masacres del pasado, de la usurpación territorial, de mantener al pueblo mapuche en la pobreza?
El discurso empresarial ha instalado víctimas de un solo lado, y este gobierno se alineó con ellos. Nosotros afirmamos con fuerza que en este conflicto las víctimas son los mapuches. Las víctimas históricas desde que el Estado usurpó nuestros territorios a sangre y fuego, con un ejército financiado por la oligarquía que despojó al pueblo mapuche de más del 95% de su territorio, robó su ganado, masacró a la gente y la condenó a vivir en la miseria. Estas son las víctimas reales del conflicto y el Estado no saca nada con pedir perdón si la solución no repara ni hace justicia.

También se anunció un fondo para potenciar el desarrollo en La Araucanía. Pero los recursos no van para los mapuches y ni siquiera tiene una lógica indígena. Este gobierno insiste en la idea colonial de tratar de superar la pobreza y la desigualdad con mayor asistencialismo. La presidenta Bachelet entregaría fondos para que la gente capitalice y reproduzca el capital en una zona muy conservadora y que está en manos del empresariado. El fondo está destinado a grupos conservadores, lo que incluye también a colonos fascistas responsables además, de la represión de personas que llevaban adelante el proceso de Reforma Agraria en los años 70. No es por nada que La Araucanía es conocida como el bastión de la derecha más recalcitrante”.

EL CAMINO DE LA CAM
¿Qué plantea la CAM frente a esta realidad?
“Tenemos una mirada positiva de la lucha mapuche y de sus resultados. Esta lucha es entre los poderosos y los oprimidos, y por razones obvias estamos en desventaja estratégica. Hay un conflicto que en el corto y mediano plazo no tiene solución, al menos en el actual escenario político-social. Pero se debe reconocer que, del lado mapuche hay una fuerza social, política y militar que se confronta con el empresariado y la gobernanza neoliberal y que lo hace dignamente. Con el tiempo y al calor de la lucha, hemos desarrollado capacidades político-organizativas expresadas en las experiencias de control territorial, así como de capacidad operativa con los diversos Organos de Resistencia Territorial, los ORT, quienes han sabido expresar la resistencia con sabotajes certeros al gran capital, y a su vez disposición combativa permanente para el enfrentamiento con las fuerzas de ocupación. También se debe reconocer que el movimiento de resistencia va adquiriendo paulatinamente perspectivas autonomistas y revolucionarias en sus definiciones. Y es aquí donde nos situamos como CAM.
Hay un proceso de acumulación que tiene que ver con el objetivo del control territorial. Las acciones de resistencia han permitido entrar a disputar las tierras con el empresariado. Las tierras recuperadas, que están bajo la plataforma del control territorial, llevan un curso distinto a la reproducción del capital y constituyen la base para la reconstitución del mundo mapuche, es decir el logro de la reproducción del tejido político, social y cultural de nuestro pueblo. El capitalismo es el que depreda los territorios aniquilando toda forma de vida. Frente a esa realidad, existe una fuerza social, política y militar del pueblo mapuche que defiende sus derechos y que está acumulando fuerza en una perspectiva autonomista y revolucionaria.
La CAM ha señalado públicamente su disposición de llegar a un entendimiento -inclusive propusimos una tregua en la confrontación-.

"Estamos dispuestos a conversar -y a transar inclusive-, pero sobre aspectos sustantivos: los derechos fundamentales de nuestro pueblo que tienen que ver con la recuperación del territorio, que es la demanda histórica más sentida, y la posibilidad de reconstruir el mundo mapuche sobre la base de la autonomía y la libertad.

Esa concepción es de todos los pueblos que no quieren ser sometidos por nadie. En ese marco estamos dispuestos a conversar, pero las autoridades no están dispuestas a hacerlo en esa misma sintonía. Solo pretenden entregar algunas concesiones básicas. El movimiento autonomista ya no quiere tratar esos temas. La fuerza que hemos logrado no es para que ahora vayamos a sentarnos a una mesa a conversar los temas y promesas de siempre. La fuerza lograda, producto del sacrificio y esfuerzo de las comunidades, de mujeres y hombres, de ancianos y niños, merece un proceso con mayor altura de miras. Un enfoque que reconozca los derechos políticos de la nación mapuche. Tal como lo hizo antes nuestro pueblo cuando confrontaba y llegaba a Parlamentos con el Estado español y la recién creada República chilena. Parlamentos establecidos en base a relaciones diplomáticas, comerciales, políticas, etc. Hoy no existe esa voluntad de parte del Estado chileno, y en la práctica no se puede dialogar cuando existe una relación desigual y aún de tipo colonial.
Sin embargo, nuestro pueblo tiene la suficiente capacidad y la dignidad suficiente para mantener la resistencia y avanzar en este proceso que aún tiene mucho tiempo por delante. Las potencialidades están en las nuevas generaciones que van resignificando la causa mapuche con mayor newen ka feyentun. La lucha por el territorio ancestral continuará porque es la base esencial de la reconstrucción de la Nación Mapuche. La autonomía es nuestro sueño de libertad”.
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 880, 21 de julio 2017.

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II. Pensamiento crítico con raíces en Nuestra América pero mirando por la paz mundial

El pensamiento crítico latinoamericano es más vibrante que nunca
Desde abajo, por la izquierda y con la Tierra
25 de enero de 2016

Por Arturo Escobar (Sudamérica Rural)

Las contribuciones teórico-políticas para repensar la región reverberan a lo largo y ancho del continente, en los encuentros de los pueblos, en las mingas de pensamiento, en los debates de movimientos y colectivos, en las asambleas de comunidades en resistencia, en las movilizaciones de jóvenes, mujeres, campesinos y ambientalistas, y sin duda también en algunos de aquellos sectores que tradicionalmente se han considerado los espacios del pensamiento crítico por excelencia, tales como las universidades, la academia y las artes.
Un listado de las tendencias más notables del pensamiento crítico latinoamericano tendría que incluir, entre otras, las críticas a la modernidad y a la teoría decolonial; los feminismos autónomos, decoloniales, y comunitarios; la diversa gama de debates ecológicos y de economías alternativas, incluyendo la ecología política, la economía social y solidaria (ESS), las economías comunales; las posiciones autonómicas; otras y nuevas espiritualidades; y las diferentes propuesta de transiciones civilizatorias, el posdesarrollo, el Buen Vivir, y el post-extractivismo. Más importante aún, toda genealogía y catálogo del pensamiento latinoamericano debe incluir las categorías, saberes, y conocimientos de las comunidades mismas y sus organizaciones como uno de las expresiones más potentes del pensamiento crítico. Esta última proposición constituye el mayor desafío para el pensamiento crítico latinoamericano dado que la estructura epistémica de la modernidad (ya sea liberal, de derecha o de izquierda) se ha erigido sobre el borramiento efectivo de este nivel crucial del pensamiento, y es precisamente este nivel el que emerge, hoy en día, con mayor claridad y contundencia.
Un análisis de la coyuntura regional y planetaria y de cómo ésta se refleja en los debates teórico-políticos del continente nos lleva a postular las siguientes hipótesis. Primero, que el pensamiento crítico latinoamericano no está en crisis, sino en efervescencia. Segundo, que los conocimientos de los pueblos en movimiento, de las comunidades en resistencia y de muchos movimientos sociales están en la avanzada del pensamiento para las transiciones, y cobran una relevancia inusitada para la reconstitución de mundos ante las graves crisis ecológicas y sociales que enfrentamos, más aun que los conocimientos de expertos, las instituciones y la academia. (Aclaro que esto no quiere decir que estos últimos sean inútiles, sino que ya son claramente insuficientes para generar las preguntas y pautas para enfrentar las crisis).
Para verlo de esta manera, sin embargo, es necesario ampliar el espacio epistémico y social de lo que tradicionalmente se ha considerado el pensamiento crítico latinoamericano para incluir, junto al pensamiento de la izquierda, al menos dos grandes vertientes que desde las últimas dos décadas han estado emergiendo como grandes fuentes de producción crítica: aquella vertiente que surge de las luchas y pensamientos ‘desde abajo’, y aquellas que están sintonizadas con las dinámicas de la Tierra. A estas vertientes las llamaremos ‘pensamiento autonómico’ y ‘pensamiento de la Tierra’, respectivamente. Mencionemos por lo pronto que el primero se refiere al pensamiento, cada vez más articulado y discutido, que emerge de los procesos autonómicos que cristalizan con el Zapatismo pero que incluyen una gran variedad de experiencias y propuestas a lo largo y ancho del continente, desde el sur de México al suroccidente de Colombia, y desde allí al resto del continente.

Todos estos movimientos enfatizan la reconstitución de lo comunal como el pilar de la autonomía. Autonomía, comunalidad y territorialidad son los tres conceptos claves de esta corriente. Con pensamiento de la Tierra, por otro lado, nos referimos no tanto al movimiento ambientalista y a la ecología sino a aquella dimensión que toda comunidad que habita un territorio sabe que es vital para su existencia: su conexión indisoluble con la Tierra y con todos los seres vivos. Más que en conocimientos teóricos, esta dimensión se encuentra elocuentemente expresada en el arte (tejidos), los mitos, las prácticas económicas y culturales del lugar, y en las luchas territoriales y por la defensa de la Pacha Mama. Esto no la hace menos importante, sino quizás más, para la crucial tarea de todo pensamiento crítico en la coyuntura actual, a la cual nos referiremos como ‘la reconstitución de mundos’.
Así, quisiera definir el pensamiento crítico latinoamericano como el entramado de tres grandes vertientes: el pensamiento de la izquierda, el pensamiento autonómico y el pensamiento de la Tierra. Estas no son esferas separadas y preconstituidas sino que se traslapan, a veces alimentándose mutuamente, otras en abierto conflicto. Mi argumento es que hoy en día tenemos que cultivar las tres vertientes, manteniéndolas en tensión y en diálogo continuo, abandonando toda pretensión universalizante y de poseer la verdad. Dicho de otra manera, a la formula zapatista de luchar “desde abajo y por la izquierda”, hay que agregar una tercera base fundamental, “con la Tierra” (hasta cierto punto implícita en el zapatismo).

El pensamiento de la izquierda y la izquierda del pensamiento
Qué tantas cosas es la izquierda: teoría, estrategia, práctica, historia de luchas, humanismo, íconos, emociones, canción, arte, tristezas, victorias y derrotas, revoluciones, momentos bellos y de horror, y muchas otras cosas. Cómo no seguir inspirándonos en los momento más hermosos de las luchas revolucionarias socialistas y comunistas a través de su potente historia; al menos para mi generación, cómo no seguir conmoviéndose por la carismática figura del Che, o de un Camilo Torres esperando la muerte con un fusil en la mano que nunca disparó, figuras estas que continúan engalanando las paredes de las universidades públicas de Colombia y el continente y que aún nos hacen sonreír al verlas. Cómo no pensar en el bello e intenso rojo de las banderas de las movilizaciones campesinas y proletarias de otrora, de campesinos aprendiendo a leer con los ubicuos libritos rojos, esperando marchar por el derecho a la tierra. Cómo no incorporar en toda lucha y en toda teoría los principios de justicia social, los imaginarios de igualdad de clase, y los ideales de libertad y emancipación de la izquierda revolucionaria.
A nivel teórico, es imperante reconocer las múltiples contribuciones del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, su renovación en el encuentro con el desarrollismo (dependencia), el ambientalismo (marxismo ecológico), el feminismo, la teología de la liberación, el postestructuralismo (Laclau y Mouffe), la cultura (Stuart Hall) y lo poscolonial. Sin embargo, aunque esta amplia gama de teorías sigue siendo claramente relevante, hoy en día, reconocemos con facilidad los inevitables apegos modernistas del materialismo histórico (como su aspiración a la universalidad, la totalidad, la teleología y la verdad que se le cuelan aun a través del agudo lente analítico de la dialéctica). Más aún, no se puede desconocer que vamos aprendiendo nuevas formas de pensar la materialidad, de la mano de la ecología económica, las teorías de la complejidad, la emergencia, la autopoiesis y la auto-organización y de las nuevas formas de pensar la contribución de todo aquello que quedó por fuera en la explicación modernista de lo real, desde los objetos y las ‘cosas’ con su ‘materialidad vibrante’ hasta todo el rango de lo no-humano (microrganismos, animales, múltiples especies, minerales), que tanto como las relaciones sociales de producción son determinantes de las configuraciones de lo real. En estas nuevas ‘ontologías materialistas’ hasta las emociones, los sentimientos, y lo espiritual tienen cabida como fuerzas activas que producen la realidad.
Quisiera recalcar dos nociones de este breve recuento. Por un lado, la ruptura de los nuevos materialismos con el antropocentrismo de los materialismos de la modernidad. Del otro, y como corolario, el ‘desclasamiento epistémico’ a que se ven abocadas aquellas vertientes que usualmente consideramos de izquierda. Por desclasamiento epistémico me refiero a la necesidad de abandonar toda pretensión de universalidad y de verdad, y una apertura activa a aquellas otras formas de pensar, de luchar y de existir que van surgiendo, a veces con claridad y contundencia, a veces confusas y titubeantes, pero siempre afirmativas y apuntando a otros modelos de vida, en tantos lugares de un continente que pareciera estar cercano a la ebullición. Este desclasamiento convoca a los pensadores de izquierda a pensar más allá del episteme de la modernidad, a atreverse a abandonar de una vez por todas sus categorías más preciadas, incluyendo el desarrollo, el crecimiento económico y el mismo concepto de ‘hombre’. Los conmina a sentipensar con la Tierra y con las comunidades en resistencia para rearticular y enriquecer su pensamiento.

El pensamiento desde abajo
Un fantasma recorre el continente: el fantasma del autonomismo.
El autonomismo, es una fuerza teórico-política que comienza a recorrer Abya Yala/Afro/Latino-América de forma sostenida, contra viento y marea y a pesar de sus altibajos. Surge de la activación política de la existencia colectiva y relacional de una gran variedad de grupos subalternos –indígenas y afrodescendientes, campesinos, pobladores de los territorios urbanos populares, jóvenes, mujeres solidarias. Es la ola creada por los condenados de la tierra en defensa de sus territorios ante la avalancha del capital global neoliberal y la modernidad individualista y consumista.
Se le ve en acción en tantas movilizaciones de las últimas dos décadas, en encuentros inter-epistémicos, en mingas de pensamiento, cumbres de los pueblos, y en convergencias de todo tipo donde los protagonistas centrales son los conocimientos de las comunidades y los pueblos que resisten desde las lógicas de vida de sus propios mundos. Involucra a todos aquellos que se defienden del desarrollo extractivista porque saben muy bien que “para que el desarrollo entre, tiene que salir la gente”. Son los que luchan, como sostienen los zapatistas, por un mundo donde quepan muchos mundos. Aquellos “que ya se cansaron de no ser y están abriendo el camino” (M. Rozental), de los sujetos de la digna rabia, de todas y todos los que luchan por un lugar digno para los pueblos del color de la Tierra.
A nivel teórico, el autonomismo se relaciona con una gran variedad de tendencias, desde el pensamiento decolonial y los estudios subalternos y postcoloniales hasta las epistemologías del sur y la ecología política, entre otros. Tiene un parentesco claro con nociones tales como la descolonización del saber, la justicia cognitiva y la inter-culturalidad.

 Pero su peso teórico–político gravita en torno a tres grandes conceptos: autonomía, comunalidad y territorialidad, sólo el primero de los cuales tiene alguna genealogía en las izquierdas, especialmente en el anarquismo. El autonomismo tiene su razón de ser en la profundización de la ocupación ontológica de los territorios y los mundos-vida de los pueblos-territorio por los extractivismos de todo tipo y por la globalización neoliberal. Esta ocupación es realizada por un mundo hecho de un mundo (capitalista, secular, liberal, moderno, patriarcal), que se arroga para si el derecho de ser ‘el Mundo’, y que rehúsa relacionarse con todos esos otros mundos que se movilizan cada vez con mayor claridad conceptual y fuerza política en defensa de sus modelos de vida diferentes. El autonomismo nos habla de sociedades en movimiento, más que de movimientos sociales (R. Zibechi, refiriéndose a la ola de insurrecciones indígeno-populares que llevaran al poder a Evo Morales), y podríamos hablar con mayor pertinencia aun de mundos en movimiento, porque aquello que emerge son verdaderos mundos relacionales, donde prima lo comunal sobre lo individual, la conexión con la Tierra sobre la separación entre humanos y no-humanos, y el buen vivir sobre la economía.

En el lenguaje de la ‘ontología política’, podemos decir que muchas luchas étnico-territoriales pueden ser vistas como luchas ontológicas – por la defensa de otros modelos de vida. Interrumpen el proyecto globalizador de crear un mundo hecho de un solo mundo. Dichas luchas son cruciales para las transiciones ecológicas y culturales hacia un mundo en el que quepan muchos mundos (el pluriverso). Constituyen la avanzada de la búsqueda de modelos alternativos de vida, economía, y sociedad. Son luchas que enfrentan ‘entramados comunitarios’ y ‘coaliciones de corporaciones transnacionales’ (Raquel Gutiérrez A.), buscando la reorganización de la sociedad sobre la base de autonomías locales y regionales; la autogestión de la economía bajo principios comunales, aun si articuladas con el mercado; y una relación con el Estado pero solamente para neutralizar en lo posible la racionalidad del estado. En resumen, son luchas que buscan organizarse como los poderes de una sociedad otra, no-liberal, no-estatal y no-capitalista.
La autonomía es de esta forma una práctica teórico-política de los movimientos étnico-territoriales – pensarse de adentro hacia afuera, como dicen algunas líderes afrodescendientes en Colombia, o cambiando las tradiciones tradicionalmente y cambiando la forma de cambiar, como dicen en Oaxaca. “La clave de la autonomía es que un sistema vivo encuentra su camino hacia el momento siguiente actuando adecuadamente a partir de sus propios recursos”, nos dice el biólogo Francisco Varela, definición que aplica a las comunidades. Implica la defensa de algunas prácticas así como la transformación e invención de otras. Podemos decir que en su mejor acepción la autonomía es una teoría y práctica de la inter-existencia, una herramienta de diseño para el pluriverso.
El objetivo de la autonomía es la realización de lo comunal, entendida como la creación de las condiciones para la autocreación continua de las comunidades (su autopoiesis) y para su acoplamiento estructural exitoso con sus entornos cada vez más globalizados. Las nociones de comunidad están reapareciendo en diversos espacios epistémico-políticos, incluyendo las movilizaciones de indígenas, afrodescendientes y campesinos, sobre todo en México, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Cuando se habla de comunidad se usa en varios sentidos: comunalidad, lo comunal, lo popular-comunal, las luchas por los comunes, comunitismo (activismo comunitario). La comunalidad (la condición de ser comunal) constituye el horizonte de inteligibilidad de las culturas de la América profunda e igualmente de luchas nuevas, aun en contextos urbanos; es una categoría central en la vida de muchos pueblos, y continua siendo su vivencia o experiencia más fundamental. Todo concepto de comunidad en este sentido se entiende de forma no esencialista, comprendiendo ‘la comunidad’ en toda su heterogeneidad e historicidad, siempre surtiéndose de la ancestralidad (el tejido relacional de la existencia comunal), pero abierta hacia el futuro en su autonomía.
Como dicen los comuneros indígenas misak del Norte del Cauca de Colombia, hay que “recuperar la tierra para recuperarlo todo … por eso tenemos que pensar con nuestra propia cabeza, hablando nuestro propio idioma estudiando nuestra historia, analizando y transmitiendo nuestras propias experiencias así como la de otros pueblos” (Cabildo Indígena de Guambia, 1980, citado en Quijano 2012: 257). O como lo expresan los nasa en su movilización, la minga social y comunitaria, "la palabra sin acción es vacía. La acción sin la palabra es ciega. La acción y palabra sin el espíritu de la comunidad son la muerte". Autonomía, comunalidad, territorio, y relacionalidad aparecen aquí íntimamente ligados, constituyendo todo un marco teórico-político original dentro de esta segunda vertiente del pensamiento crítico de Abya Yala/Afro/Latino-América.

El pensamiento de la Tierra
La relacionalidad – la forma relacional de ser, conocer y hacer – es el gran correlato de la autonomía y la comunalidad. Así puede verse en muchas cosmovisiones de los pueblos, tales como la filosofía africana del Muntu o concepciones de la Madre Tierra como la Pachamama, Ñuke mapu, o Mama Kiwe, entre muchas otras. También está implícita en el concepto de crisis civilizatoria, siempre y cuando se asume que la crisis actual es causada por un modelo particular de mundo (una ontología), la civilización moderna de la separación y la desconexión, donde humanos y no humanos, mente y cuerpo, individuo y comunidad, razón y emoción, etc. se ven como entidades separadas y autoconstituidas.
Las ontologías o mundos relacionales se fundamentan en la noción de que todo ser vivo es una expresión de la fuerza creadora de la tierra, de su auto-organización y constante emergencia. Nada existe sin que exista todo lo demás (“soy porque eres”, porque todo lo demás existe, dicta el principio del Ubuntusurafricano). En las palabras del ecólogo y teólogo norteamericano Thomas Berry, “la Tierra es una comunión de sujetos, no una colección de objetos”. El Mandato de la Tierra del que hablan muchos activistas nos conmina por consecuencia a ‘vivir de tal forma que todos puedan vivir’. Este mandato es atendido con mayor facilidad por los pueblos-territorio: “Somos la continuidad de la tierra, miremos desde el corazón de la tierra” (Marcus Yule, gobernador nasa). No en vano es la relación con la Tierra central a las luchas indígenas, afro, y campesinas en el contexto actual.
Desde esta perspectiva, el gran desafío para la izquierda y al autonomismo es aprender a sentipensar con la Tierra. Escuchar profundamente tanto el grito de los pobres como el grito de la Tierra (L. Boff, Laudato Si). Es refrescante pensar que de las tres vertientes mencionadas la más antigua es esta tercera. Viene desde siempre, desde que los pueblos aprendieron que eran Tierra y relación, expresiones de la fuerza creadora del universo, que todo ser es ser-Tierra. Podemos decir, sin caer en anacronismo alguno, que las ‘cosmogonías’ de muchas culturas del mundo son el pensamiento primigenio de la Tierra. Es el pensamiento cosmocéntrico de los tejidos y entramados que conforman la vida, aquel que sabe, porque siente, que todo en el universo está vivo, que la conciencia no es prerrogativa de los humanos sino una propiedad distribuida en todo el espectro de la vida. Es el pensamiento de aquellos que defienden la montaña contra la minería porque ella es un ser vivo (M. de la Cadena), o los páramos y nacimientos de agua porque son el origen de la vida, con frecuencia lugares sagrados donde lo humano, lo natural, y lo espiritual se funden en un complejo entramado vital.
El pensamiento de la tierra subyace las concepciones de territorio. “Tierra puede tener cualquiera, pero territorio es otra cosa”, dicen algunos mayores afrodescendientes en el Pacífico colombiano, gran territorio negro. El territorio es el espacio para la evidencia de mundos relacionales. El territorio es el lugar de aquellos que cuidan la tierra, como lucidamente lo expresaran las mujeres de la pequeña comunidad negra de La Toma en el Norte del Cauca, movilizadas contra la minería ilegal de oro: “A las mujeres que cuidan de sus territorios. A las cuidadoras y los cuidadores de la Vida Digna, Sencilla y Solidaria. Todo esto que hemos vivido ha sido por el amor que hemos conocido en nuestros territorios. Nuestra tierra es nuestro lugar para soñar con dignidad nuestro futuro. Tal vez por eso nos persiguen, porque queremos una vida de autonomía y no de dependencia, una vida donde no nos toque mendigar, ni ser víctimas” (Carta abierta de Francia Márquez, líder de La Toma, abril 24 del 2015). Marchando y defendiendo sus derechos, las mujeres de La Toma afirman que “el territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende”.

También encontramos el pensamiento de la Tierra en la cosmoacción de muchos pueblos indígenas. El Plan de Vida del pueblo misak, por ejemplo, se explica como una propuesta de “construcción y reconstrucción de un espacio vital para nacer, crecer, permanecer y fluir. El plan es una narrativa de vida y sobrevivencia, es la construcción de un camino que facilita el tránsito por la vida, y no la simple construcción de un esquema metodológico de planeación” (en: Quijano 2012: 263). Por esto, muchos pueblos describen su lucha política como ‘la liberación de la Madre Tierra”. La pregunta clave para estos movimiento es: ¿cómo mantener las condiciones para la existencia y la re-existencia frente al embate desarrollista, extractivista y modernizador? Esta pregunta y el concepto de liberación de la Madre Tierra, son potentes conceptos para toda práctica política en el presente: para la izquierda y los procesos autonómicos tanto como para las luchas ambientales y por otros modelos de vida. Vinculan justicia ambiental, justicia cognitiva, autonomía, y la defensa de mundos (J. Martínez-Alier, V. Toledo).

Para nosotros, los urbano-modernos, que vivimos en los espacios más marcados por el modelo liberal de vida (la ontología del individuo, la propiedad privada, la racionalidad instrumental y el mercado), la relacionalidad constituye un gran desafío, dado que se requiere un profundo trabajo interior personal y colectivo para desaprender la civilización de la desconexión, del economismo, la ciencia y el individuo. Quizás implica abandonar la idea individual que tenemos de práctica política radical. ¿Cómo tomamos en serio la inspiración de la relacionalidad? ¿Cómo re-aprendemos a inter-existir con todos los humanos y no-humanos? ¿Debemos recuperar cierta intimidad con la Tierra para re-aprender el arte de sentipensar con ella? ¿Como hacerlo en contextos urbanos y descomunalizados?
¿Salir de la modernidad?
El desclasamiento epistémico de la izquierda implica atreverse a cuestionar el desarrollo y la modernidad. Sólo de esta forma podrá el pensamiento de izquierda participar en pensar y construir las transiciones civilizatorias que se adumbran desde el pensamiento autonómico y de la Tierra. Como es bien sabido, el progresismo de las últimas dos décadas ha sido profundamente modernizador, y su modelo económico está basado en el núcleo duro de premisas de la modernidad, incluyendo el crecimiento económico y el extractivismo.
Tanto en el Norte Global como en el Sur Global, el pensamiento de las transiciones tiene muy claro que las transiciones deben ir más allá del modelo de vida que se ha impuesto en casi todos los rincones del mundo con cierta visión dominante de la modernidad. Salir de la modernidad sólo se logrará caminando apoyados en las tres vertientes mencionadas. Sanar la vida humana y la Tierra requieren de una verdadera transición “del período cuando los humanos eran una fuerza destructiva sobre el planeta Tierra, al período cuando los humanos establecen una nueva presencia en el planeta de forma mutuamente enriquecedora” (T. Berry). Significa caminar decididamente hacia una nueva era, que algunos denominan como ‘Ecozoica’ (la casa de la vida; T. Berry/L. Boff). El cambio climático es solamente una de las manifestaciones más patentes de la devastación sistemática de la vida por la modernidad capitalista.
La liberación de la madre Tierra, concebida desde el cosmocentrismo y la cosmoacción de muchos pueblos-territorio, nos invitan a ‘disoñar’ el diseño de mundos. Este acto de disoñacion y de diseño tiene como objetivo reconstituir el tejido de la vida, de los territorios, y de las economías comunalizadas. Como lo dice un joven misak, se trata de convertir el dolor de la opresión de siglos en espereza y está en la base de la autonomía. Para los activistas afrocolombianos del Pacífico, tan impactado por las locomotoras desarrollistas, esta región es un Territorio de Vida, Alegría, Esperanza, y Libertad. Hay un sabio principio para la práctica política de todas las izquierdas en la noción de tejer la vida en libertad.
Las tres vertientes presentadas no constituyen un modelo aditivo sino de múltiples articulaciones. No son paradigmas que se reemplazan nítidamente unos a otros. Queda claro, sin embargo, la necesidad de que la izquierda y el autonomismo (y el humano) devengan Tierra. El humano ‘post-humano’ – aquel ‘humano’ que emerja del final del antropocentrismo – habrá de aprender de nuevo a existir como ser vivo en comunidades de humanos y no-humanos, en el único mundo que verdaderamente compartimos que es el planeta. La re-comunalización de la vida y la re-localización de las economías y la producción de los alimentos en la medida de lo posible – principios claves de los activismos y diseños para la transición – se convierten en principios apropiados para la práctica teórico-política del presente. En esto yace la esperanza; al fin y al cabo, “la esperanza no es la certeza de que algo pasará, sino de que algo tiene sentido, pase lo que pase” (G. Esteva).
Aquéllos que aun insistan en la vía del desarrollo y la modernidad son suicidas, o al menos ecocidas, y sin duda históricamente anacrónicos. Por el contrario, no son románticos ni ‘infantiles’ aquellos que defienden el lugar, el territorio, y la Tierra; constituyen la avanzada el pensamiento pues están en sintonía con la Tierra y entienden la problemática central de nuestra coyuntura histórica, las transiciones hacia otros modelos de vida, hacia un pluriverso de mundos. No podemos imaginar y construir el postcapitalismo (y el postconflicto) con las categorías y experiencias que crearon el conflicto (particularmente el desarrollo y el crecimiento económico). Saltar al Buen Vivir sin completar la fase de industrialización y modernización es menos romántico que completarla, ya sea por la vía de la izquierda o de la derecha. No podemos construir lo nuestro con lo mismo … lo posible ya se hizo, ahora vamos por lo imposible (Activistas indígenas, campesinos y Afrodescendientes, Tramas y Mingas por el Buen Vivir, Popayán, 2014).
Podremos atrevernos a afirmar que Abya Yala/Afro/Latino-América hoy presenta al mundo, en la complejidad de su pensamiento crítico en las tres vertientes tan esquemáticamente resumidas, un modelo diferente de pensar, de mundo, y de vida. En esto – y a pesar de todas las tensiones y contradicciones entre las vertientes y al interior de cada una de ellas – radicaría ‘la diferencia latinoamericana’ para la primera mitad del Siglo XXI. Algo que si podemos decir con certeza, con la gran Mercedes Sosa, es que pueblos, colectivos, movimientos, artistas e intelectuales caminan la palabra ‘por la cintura cósmica del sur’ en ‘la región más vegetal del tiempo y de la luz’ que es el hermoso continente que habitamos. Gracias a la vida, que nos ha dado tanto…

Arturo Escobar es profesor de antropología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill e Investigador Asociado del Grupo Cultura/Memoria/Nación de la Universidad del Valle en Cali. Ha sido profesor visitante de universidades en Ecuador, Argentina, España, Finlandia, Mali, Holanda, e Inglaterra. Sus intereses principales son: la ecología política, el diseño ontológico, la antropología del desarrollo, los movimientos sociales y la tecnociencia. Durante los últimos veinte años ha colaborado con organizaciones y movimientos sociales afro-colombianos en la región del Pacífico colombiano, particularmente el Proceso de Comunidades Negras (PCN). Su libro más conocido es La invención del desarrollo (1996, 2ª. Ed. 2012). Sus libros más reciente son Territorios de Diferencia: lugar, movimiento, vida, redes (2010); Una minga para el postdesarrollo(2013); y Sentipensar con la Tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia (2014). Algunos de sus textos pueden ser consultados en http://aescobar.web.unc.edu/

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